Biografía
Los 50 sucres que recibió por su primer trabajo, cuando aun era estudiante secundario marcarían la vida de Cristobal Ortega, quiteño con una habilidad innata para el dibujo. Sus primeras obras fueron retratos y su primer escenario la plaza de la Merced, en el Centro histórico de Quito. Fue ahí donde recibo los primeros sucres por su trabajo y en donde tomo la decisión de hacer su inversión inicial para lo que más tarde se transformaría en su profesión.
Hojas de papel y algunos carboncillos serian desde entonces sus compañeros
inseparables por algunos años, junto al letrero "pinto retratos en tres
minutos" que fueron dejando clientes satisfechos y su deseo de seguir
adelante. En su afán de conocer mas sobre el arte que poseía en forma innata,
por tres años estudio en el Centro de Extensión Cultural Universitaria (CECU) y
luego en talleres dictados en la Casa de la Cultura.
Al cumplir los 22 años desidia dar un rumbo diferente a su manera de hacer arte no fue una determinación al acaso sino la respuesta al llamado de su cuerpo, mente y espíritu de hacer de sus dedos y manos los instrumentos que utiliza su cerebro para plasmar las imágenes que van naciendo, todas ellas producto de sus múltiples lecturas de la gente, del paisaje, de los problemas que se generan en el mundo que le rodea, Ortega se convierte así en un cultor de la dactilopintura.
Otro cambio que habría de dar en su vida es el relacionado al tiempo. Ya no somete su trabajo a la rapidez, sino que nacen como producto de una profunda reflexión y de su imaginación, esta ultima que como afirman aquellos que se han enfilado por el camino de la iniciación no es mas que la reafirmación del conocimiento de su yo y la aceptación de que él nuestra imaginación "Es Poder de nuestra imaginación "E Las series pictóricas en Ortega fluyen y en todas ellas como sello indeleble están presentes los valores morales que aprendió en su hogar así como el amor a la que nos da la Pachamama o Pachacamac .
Hombre de retos, a mediados delos 90 decidió probar suerte en el exterior y armado de valor se marcho por el mundo. Halla volvió a asombrar por el vigor y energía que posee, por el manejo de color y trazos que realiza con sus manos y dedos. El primer viaje se transformaría en la llave maestra para una serie de invitaciones que ha recibido para estar en salón de intelectuales en Compostela, España, en el Mesa Berlín Importh Shop de Alemania, en la feria de integración latinoamericana los Andes en Chile en el Radisson Centre Miami, en el NE Art. Gallery de Tokio o en el Café Art. Gallery Centrum de Austria. Ortega es en esencia un investigador nato, autodidacta. De su palma fluyen lo colores fuertes, aquellos que se inspiran en la madre naturaleza.
Cristóbal Ortega Maila es un joven pintor ecuatoriano, orgulloso de su ancestro indígena, nació en la comunidad de Collacoto, en 1965. Sus primeras letras las aprendió en la escuelita del lugar y la secundaria en el colegio Rafael Larrea, ubicado en el Tejar.
Su padre fue un mestizo y su madre una indígena de Collacoto, “barrio
con 300 años de historia. Ahí nací, ahí crecí y allí aprendí la verdadera
historia que se cuenta de generación en generación”. De esa historia que se
omite en los centros educativos a Ortega le nació la rebeldía contra aquellos a
quienes llama con desprecio, “los patroncitos que vinieron y quemaron chozas,
para adueñarse de nuestros terrenos y conformar sus haciendas, a las que luego
nos prohibían entrar”; le nació también el amor por la memoria ancestral y de
ahí la idea de construir su Templo de Arte. (Ver “Un templo para recuperar la
memoria de nuestros ancestros”), donde a más de reconstruir la historia de
nuestros antepasados, nos muestra su obra pictórica.
Ortega y su
agónica ceremonia de sombrío profetismo
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| Ausencia |
Cristobal Ortega Maila ha concienzudamente, apasionadamente en ese templo de
piedra que se ha edificado sobre una loma, casi al borde del cráter del
Pululahua, a unos pocos pasos de la línea que separa los dos
hemisferios. Y resulta un viaje con mas dimensiones que solo las
espaciales el de esa obra desde ese claustro hondo y fresco, solemne por su
bóveda alta, a los Ángeles, en EE.UU.Es la suya una pintura americana de cosmovisión
dura.En algunos de lo más intensos paneles de este retablo miserable, la
mancha, de rojos sucios y ocres desvaídos sobre los que corren grandes chorros
dos de negro, crea espacios sombríos en los que se sume a la figura humana. El
desnudo de "En cada sueño " apenas retiene rasgos de carnalidad en
ese clima cromático casi temerista.
Estas las grandes líneas de la propuesta plástica. Importa advertir
todas las sabidurías con que se realiza. El color, aplicado en vigorosos trazos
y contrastado con zonas sombrías, crea atmósferas esa atmósfera que cuenta
decisivamente en obra como " Decían que volvería".Los trazos llegan a
cobrar calidades signicas " mas cerca de la vida". Y al calor de
libertad y vehemencia, la mancha y el trazo -mas el trazo que la mancha-
traspasan las fronteras mismas del abstracto; de un expresionismo abstracto
como el de "Seguir". Y la mancha el elemento mas fuerte de esta
retórica sombría- con sus chorreados, aporta el sentido de lo que parece
disolverse en suciedad. En el corazón oscuro de estos espacios pictóricos esta
el dibujo. Es un dibujo que se inscribe dentro de la ya antigua e ilustre
tradición del feísmo latinoamericano, pero se abre a la elementalidad del
neoexpresionismo europeo de los "nuevos salvajes". El dibujo convoca
a las telas seres sin bellaza ni alegría; casi sin vigor. Pero con intensa
humanidad. Alguna vez con expresividad del rostro, que la pintura dinamiza
"Secreto amor". El dibujo nos entrega la ultima clave del sentido de
estas visiones de lo humano. Símbolo y suma es "El breve espacio ":
el hombre del gesto dolorido, casi en grito, que tiene alas, pero caídas. El
color completa el desolador mensaje de ese "Ángel": esos rojos
obscurecidos y el sutil trazo del azul Prusia, que aporta frialdad e hieratismo
a esos cálidos equívocos. Y hay un nuevo factor de dureza de estas imágenes de
una condición humana degradada: empastes gruesos, recias texturas y hasta
encolados.
El óleo aportado el color esos rojos sucios,ocres,tierras- y el no
color los negros; manchas y trazos han creado espacios y adensado atmósferas;
el dibujo ha sacado a esos escenarios de la ceremonia humana; Y el conjunto se
ha intensificado aun más con oegado de telas miserables. Sobre el sentido
ultimo de esta serie de paneles desolados y dramáticos el propio artista nos ha
entregado una pista: ha titulado la serie "en peligro de extinción". Pero
esa pista solo nos alerta, nos dispara en la cacería de cuanto aquí se dice
como arte visual este es un hecho pictórico y todo ha de entenderse y sentirse
en la pintura. Esa "extinción" de la especie, que este lúgubre
retablo anuncia, no se debe a factores fortuitos externos, sino surge de la
propia entraña de lo humano, que aquí se muestra degradado y sumido en un mundo
viscoso y oscuro. Es, pues, la de Cristóbal Ortega una agónica ceremonia de
sombrío profetismo. El profeta cualquier profeta no explica ni propone ni
adoctrina; simplemente dice; Con enorme libertad de espíritu dice lo que ve.
Como ve al hombre en situaciones limites de su trayectoria mundana; como lo ve
en el futuro a que ese presente corre a despeñar. Es lo que ortega hace. Es lo
queda poderes a los cuadros que desde este rincón de América lleva a las
grandes metrópolis del norte.
Lic.Hernán Rodríguez Castelló Miembro de la academia ecuatoriana de la
lengua y la academia nacional de historia y la asociación internacional de críticos
de arte.
Colección "En peligro de extensión"
Autor: Cristóbal Ortega Maila
(1999-2000)
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